
Vivir con tus padres significa, ya en un principio, un motivo de vergüenza al conocer a una persona. Tener que pronunciar las fatales palabras: "estoy en paro, me toca vivir en casa de mis padres"; ya implica que la otra persona te vea de otro modo. Te intentan consolar con frases como: "Anda que no vivirás bien", "Anda que no mola tener la ropa limpita encima de la cama!..." o " Por lo menos tienes a alguien que te cuide cuando estás enfermo"(¿?). Cuando realmente, lo que quieren decir, son cosas como: " Maldito fracasado, tendrá treinta años y todavía estará parasitando a sus padres", " seguro que, solo, morirías en tres dias" o un simple "eres basura". Así te presentas en sociedad, como un progenitodependiente, incapaz de vivir por cuenta propia. Luego, a uno le cuesta lo suyo ganarse un repeto, a fuerza de cocinar tortillas de patatas y hacer remiendos en casa ajena.
Luego está la estrategia noctura, el instinto de caza. Dicho instinto, queda fuertemente mermado por la falta de un nicho propio. Al salir por la noche, no puedes evitar pensar que no dipones de una trampa de caza, de esas que se cierran cuando la caza menor desplaza el palito que mantiene abierta la jaula. Tampoco dispones de un cebo. Aunque algunos lo hayan intentado, no queda elegante hacer proposiciones del tipo: " Te quieres tomar la última copa en mi coche", "Quieres subir(al coche) y te preparo un café" o un simple "en tu casa o en mi coche". En estos casos , sale más rentable la sinceridad y basta con una frase rebosante de realidad: "te vienes a follar al coche?". Como he dicho, esto implica una merma moral, comparable a la empleada por los soldados de la URSS en su descenso hacia Europa. Te entra complejo de pastillero trasnochado del chocolate. Sales pensando en que no hay una guerra en la que luchar, no tienes nada que ofrecer, eres escória. Tu única esperanza es que Elvis acabe bailando el "Shake, Rattle & Roll" en el salpicadero, con el motor apagado. Cosa difícil, conociendo las comodidades y atractivo que ofrece tu "nidito de amor".
Otro capítulo importante en este tema son las explicaciones. "¿A dónde vas?" ,"¿De dónde vienes?", "¿Que hiciste ayer, para llegar tan tarde y con la ropa así?" o "¿Estas son horas de llegar?", son frases que muy comunmente se escuchan en una situación de convivencia familiar. Al principio optas por la sinceridad, aportando, incluso, pruebas que respalden tus testimonios. Es un intento de generar confianza, tratar de probar que te vales por ti mismo, en este cruel mundo, y que, en un futuro, no serán necesario el incómodo interrogatorio. Cuando ves que tus padres no cesan en su continuo ansia de conocimiento, adoptas otra estrategia. Pasas a la fase de descripciones generales, e ,incluso, cuelas alguna excusa que te evite malgastar saliva: " fui a cenar con unos amigos", " paco pinchó y estuvimos hasta las 10:30 del domingo cambiando la rueda" o "volviendo a casa me atracó un yonki y me obligó a beber todo lo que hoy hay sobre la alfombra". Conforme vas cambiando hacia este modo de narración, observas que el interés real de tus padres va decayendo, pero aún así no cesan sus interrogatorios. Pasas a la "fase punki", es decir, esa en la que inventas una historia del todo surrealista para comprobar que el interlocutor mantiene la atención. Esta fase está caracterizada por frases como: "Esperas un nieto de la aparcacoches del barrio", "papa, paso crack, ayer me saqué trescientos pavos" o " me encontré a mamá en el after, con tu socio". Efectivamente compruebas que la pregunta no esconde ningún interés, es un puro trámite.
En definitiva, acabas siendo un preso con la condicional, en una cárcel de lujo.